Trilogía El despertar – Reflexiones de traducción

Hola a todos. Aquí comienza esta serie de artículos para el blog en los que comentaré algunas curiosidades y reflexiones sobre la traducción de los diversos libros de los que me he ocupado, señalando los aspectos más complicados o más interesantes en cada caso; con un poco de suerte, serán de interés para el lector y servirán para que la profesión de traductor se entienda un poco más. ¿Y qué mejor manera de empezar que un libro sobre una invasión de arañas antropófagas?

En realidad El despertar no fue el primer libro que traduje, ya que primero me encargué de un libro de la colección Pesadillas titulado La casa de la muerte. Creo que pocos entenderán lo que supuso para mí empezar mi andadura en la traducción literaria con Pesadillas, porque de pequeño devoraba esos libros con pasión (bien lo sabe mi librero de entonces). Me lo pasé como un crío traduciéndolo, pero también fue un reto interesante familiarizarme con el flujo de trabajo de la traducción de un libro e ir encontrando mi propio método.

Actualmente sigo un proceso de dos fases: una primera fase de “volcado” en la que voy traduciendo a vuelapluma, por así decirlo, incluyendo más de una opción para cada frase, diversos adjetivos posibles, diversas posibilidades sintácticas, etc. Y una segunda fase de “pulido”, en la que vuelvo al inicio y avanzo tomando las decisiones finales, aprovechando además para corregir cualquier errata que haya surgido y comprobando que haya suficiente variedad léxica y sintáctica (ya hablaremos más sobre eso). Idealmente, y cuando el plazo lo permite, tiene lugar una “fase cero” que consiste en leer el original e ir haciendo anotaciones de cara a la traducción; las circunstancias no siempre lo hacen posible, y a veces no queda otra que ir traduciendo a medida que se lee, lo cual puede obligar a realizar cambios posteriores, etc. (pero también tiene su gracia ir descubriendo el argumento a medida que se traduce, para qué negarlo). Pero sigamos con las arañas.

El despertar, La plaga y Día cero forman una trilogía de género thriller escrita por Ezekiel Boone, pseudónimo de Alexi Zentner, un novelista canadiense-estadounidense. La mejor manera de definir la trilogía es, en palabras de una crítica que leí hace tiempo, “literatura palomitera”. Es una película de serie B hecha libro: arañas carnívoras, el fin del mundo, golpes de Estado y una serie de personajes dispares que solo podrán terminar con la amenaza si unen sus fuerzas. El argumento va saltando por diversos lugares de planeta, desde Estados Unidos hasta Perú, China, la India o Escocia. Me lo pasé muy bien con las escenas de acción y con varios de los personajes principales, como los preppers Gordo y Shotgun (traducido como “Fusil”), el agente especial Mike Rich o el millonario Henderson (mi escena favorita del libro, y casi de la trilogía, es la que se desarrolla desde su punto de vista). Lo más interesante y complicado del libro fue ponerse en los zapatos de los diferentes personajes, ya que cada uno tiene una profesión determinada y utiliza su jerga respectiva en sus capítulos; había que pasar de entomólogo a militar, a político, a agente del FBI, a periodista, a fanático del beisbol, a sacerdote… Fue todo un reto investigar y tratar de imitar lo mejor posible la forma de hablar de cada uno. Y las palabrotas. Muchas palabrotas. El primer libro de la trilogía está plagado de palabrotas (los otros dos no tanto), y hubo que ponerse creativo para que todo resultara lo más natural posible. La decisión de traducir el nombre de Shotgun como “Fusil” en vez de “Escopeta” en el primer libro tenía cierto riesgo: siempre puede pasar que en los siguientes libros haya alguna referencia o algún juego de palabras que te traiga de cabeza. Dicho y hecho:

[…] pero luego la orden había cambiado: el sargento primero Rodríguez les dijo que tenían que recoger un fusil y llevarlo a Washington D. C.
«Tiene que ser un fusil de la hostia», pensó Kim. Un fusil no era ni mucho menos el arma que elegiría ella para enfrentarse a una horda de arañas […]

La plaga

Personalmente, al ser una trilogía que traduje entre 2016 y 2018, está claro que mi método y mi estilo fueron cambiando, y creo que se nota la diferencia entre El despertar y Día cero. A mí desde luego me resultó mucho más fácil traducir el tercero que el primero. Y tuve la suerte de poder intercambiar un par de correos electrónicos con el autor para que me aclarara ciertas dudas sobre el tercer libro, especialmente en relación con la terminología del beisbol, pero también me sirvió para entender determinados rasgos físicos de las arañas (al fin y al cabo, el que se las ha imaginado es el autor). Insisto mucho en la importancia de comunicarse con el autor si es posible; el traductor, si quiere hacer un buen trabajo, no puede limitarse a ser un lector más, tiene que estar mucho más cerca del autor y de su visión; no puede quedarse con la “capa externa” del libro, tiene que profundizar más, acercarse al sentido de la obra. Esto lo vi clarísimo cuando tuve que traducir La biblioteca del monte Char: sin la ayuda de su autor, Scott Hawkins, ni me imagino lo que habría podido pasar con determinados pasajes. Pero ya seguiremos hablando sobre eso en otro momento. Espero que os haya resultado interesante y que os pique (guiño-guiño) la curiosidad.

Deja un comentario